Rinoplastia secundaria correctora

on 16 enero, 2019

La primera vez que un paciente se somete a una rinoplastia y los resultados no son todo lo satisfactorios que se podría esperar es necesario recurrir a una segunda operación, la rinoplastia correctora.

Esta operación es conveniente para corregir un problema estético, un traumatismo o una patología funcional, es decir, que se hayan causado problemas respiratorios. Cuando esto es así, se recurre a una rinoplastia secundaria o rinoplastia postraumática.

La principal causa por la que un paciente debe someterse nuevamente a una cirugía plástica es a menudo debido a que el cirujano que realizó la primera intervención no estaba suficientemente cualificado, ya que una rinoplastia es una intervención compleja.

Esto quiere decir que cuando se requiera una rinoplastia secundaria se debe acudir a un buen cirujano plástico para solventar el problema; esta intervención frente a la rinoplastia primaria es mucho más compleja y se deben valorar más aspectos a la hora de su realización.

Procedimiento y aspectos clave sobre una rinoplastia secundaria

Esta segunda cirugía de nariz es un gran reto para el cirujano plástico puesto que debe arreglar el resultado de una rinoplastia mal hecha. Las estructuras nasales básicas siguen existiendo, sin embargo están alteradas por el proceso anterior, causando que el examen previo a la intervención tenga que ser mucho más exhaustivo.

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Aunque sabemos que existen rinoplastias de punta nasal frente a rinoplastias completas, en este tipo de casos suele ser preciso una remodelación completa de los tejidos; esto se debe a que todas las partes nasales están relacionadas. La posición está condicionada por el tabique nasal, por lo que es común que en las rinoplastias secundarias se hagan modificaciones también en este.

La piel es un aspecto muy relevante a la hora de la realización de una rinoplastia secundaria, incluso más que en una rinoplastia primaria.

Antes de que se realice la intervención se deberá valorar la cantidad de cicatriz bajo la piel (aunque no sea visible, internamente sí hay marcas) así como la calidad del propio tejido epitelial. Las pieles finas al igual que las gruesas presentan diferentes aspectos que hacen la intervención más complicada.

En las pieles finas por ejemplo, si se trabaja con injertos la operación plástica debe ser impoluta, para que el resultado no termine siendo artificial. En el caso de que el injerto que sea preciso resulte más grande de lo habitual, bastará con taparlo o pulirlo.

Una piel gruesa por el contrario ocultará mejor cualquier tejido, sin embargo la cicatriz será mayor y la inflamación durará más tiempo.

La importancia de los injertos en una segunda operación de nariz

Se puede dar el caso de que no sea preciso aportar tejidos, pasándole el protagonismo al buen hacer del cirujano plástico, sin embargo en muchas ocasiones no es así.

Tras llevar a cabo un examen nasal sobre la cantidad y calidad de tejido cicatrizal, se procede a ver si serían necesarios injertos para complementar las estructuras dañadas. Las fuentes más empleadas para los injertos provienen del cartílago del tabique nasal, aunque también podrían ser necesarios injertos de hueso o de grasa.

  • Los injertos de cartílago se emplean para sustituir y/o complementar los del paciente, así como para reforzar la zona. Estos provienen de las orejas, costillas o del propio tabique nasal.
  • Los injertos óseos para reafirmar la posición de otros injertos o como complemento de la propia estructura ósea del paciente, por lo general, empleados para la reconstrucción del tabique nasal.
  • Los injertos de grasa se emplean en casos muy concretos. Estos son colocados mediante una inyección a diferencia de los otros tipos, que precisan incisiones y donde el traumatismo va a ser superior.

Ahora mismo te estarás preguntando: ¿por qué se debe acceder a la costilla para un injerto de cartílago? Pues bien, hay diversos motivos que hacen que esta sea una opción muy socorrida por los cirujanos plásticos.

Como ya hemos dicho, es frecuente que la estructura nasal del paciente esté dañada y por lo tanto no se pueda tomar tejido cartilaginoso de ella; otra opción sería la concha del cartílago auricular, es decir, de la oreja. Pero cabe la posibilidad de que estas estructuras estén también dañadas bien por una cicatriz o por una perforación; además los segmentos necesarios deben tener determinada delgadez y tamaño.

A diferencia de estos, la costilla es una fuerte y generosa fuente del tejido, necesario para el injerto además de ser moldeable fácilmente. Realizar un injerto no es tan sencillo como puede parecer: una vez obtenido este, se remodelarán las estructuras existentes y los injertos serán modelados acorde a la forma necesaria.

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Aquí entra el protagonismo de un injerto de costilla, ya que de estos se puede obtener cualquier forma necesaria (dependiendo del caso y de lo que el paciente desee será necesario más o menos tejido). También se puede obtener de estos un material modelado para redefinir zonas más complejas y facilitar el trabajo del cirujano.

La versatilidad de estos injertos hace que puedan ser empleados prácticamente en cualquier procedimiento reconstructivo, como la total reconstrucción del tabique nasal o poder controlar la forma de la punta nasal para sostenerla. El postoperatorio de esta rinoplastia secundaria donde se han empleado injertos de costilla requiere más visitas de revisión, para asegurarnos de la “supervivencia” del tejido así como de que no se desplace y cumpla su función.

Tras una rinoplastia secundaria con injertos pueden surgir cierto tipo de problemas, no obstante el empleo de estos injertos es a menudo la única alternativa para lograr un resultado satisfactorio. Esos problemas pueden ser derivados a la adherencia del tejido, determinado por la capacidad cicatrizal del paciente, distorsión que afecta como norma al cartílago; si causa un problema relevante, el tejido deberá ser retirado en sustitución por otro.

Rinoplastia secundaria postraumática: ¿Síntomas?

Podemos hablar de “síntomas” que llevan al paciente a la necesidad de requerir una cirugía postraumática.

Dejando a un lado los motivos estéticos, hay más causas que pueden derivar en una nueva realización de esta cirugía plástica. Es posible percibir dificultad o alteraciones de cara a la respiración, tal como pérdida de la capacidad olfativa u obstrucción nasal, causado por problemas en la válvula nasal o el tabique.

Esto es un problema importante, quizás mucho más que si fuese estético, puesto que en una rinoplastia además del factor estético es primordial que las funciones básicas continúen realizando su trabajo debidamente. Por lo tanto, aunque hayamos quedado encantados con el resultado de nuestra rinoplastia primaria, si la funcionalidad es alterada deberemos someternos a una  rinoplastia secundaria.

Esta intervención al ser más compleja que una rinoplastia primaria requiere internamiento hospitalario en aquellos casos donde se emplea anestesia general, que es lo habitual. La duración de la intervención es variable, depende de la habilidad del cirujano plástico así como de lo dañados que estén los tejidos.

Cada caso es particular y obviamente hay que contar con aquellas complicaciones con las que el propio cirujano se pueda ir encontrando mientras realiza la cirugía.

Hay que recordar que una rinoplastia secundaria o postraumática no es un retoque, es una remodelación de una operación plástica mal realizada. Por tanto, como si nuestra nariz se tratase de una magnífica escultura clásica, debemos buscar al mejor escultor, al mejor cirujano plástico para solucionar el problema y poder así lucir de una vez por todas un buen resultado.

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